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La jaula de cristal

Día internacional de la no violencia contra la mujer

Perder la noción del tiempo se convirtió en una de mis premisas, ya no recuerdo exactamente cómo y cuándo empezó todo. Tengo la certeza que en algún episodio de mi vida, yo sabía amarme, valorarme, cuidar de mi cuerpo y mi mente. Apreciaba respirar, sentir e incluso mi belleza repleta de imperfecciones. Conocía mi cuerpo, sagrado para mí, porque en él vivían la naturaleza de mis sueños, la sangre de la libertad; en él mente y corazón volaban al unísono. Mi cuerpo, mi hogar y yo, todo reflejos del mismo puzzle que apreciaba por igual; para mí, todo era sinónimo de lugar seguro, uno del que solo yo era conocedora, uno que emanaba confianza y seguridad. Sabía que en mi habitaban talentos que todavía esperaban el momento para florecer. Todo forma parte del pasado, se volvió intangible e imperceptible, tanto que sin darme cuenta olvidé quién soy, dejándolo registrado en un lugar oscuro y vacío de mi mente.

Cuando la bestia apareció, mis días se volvieron grises y turbios ante su llegada, que sin yo saberlo, se había convertido en una larga, amarga y tortuosa sentencia. En ese momento no sabía cuál sería la sentencia, aunque no tardé en descubrir que era una de muerte porque perdí tanto, que lo perdí todo, incluyéndome a mí.

Me convertí en una marioneta en sus manos, atrapada por hilos de dureza y golpes de crueldad. En poco tiempo me transformé en una zombie atrapada en lo que yo llamo la jaula de cristal, ese lugar donde debía fingir que todo iba bien porque no podía creer que yo acabase en manos de la bestia, escondiéndome de él, pero también de mí. Quemó mi hogar y con ello también mi autoestima, la confianza y fuerza arrolladora. Ahora vivía atrapada en la jaula de cristal a la vista de todo el mundo y en la oscuridad de mi mente que cada día se sentía más golpeada, más culpable de sus miserias y más rota. En realidad me quedé sin fuerzas para decir que era un títere en sus manos estranguladoras, sumisa a la bestia, a su violencia y locura, porque eso no era amor, sino la forma más cruel de romper a una mujer, de romperme. Quién iba a creer en mis gritos de dolor, desesperación y vergüenza… si había callado durante mucho tiempo. Cómo podría explicar esta situación exponiéndome a aguantar las miradas de la crítica social.

Continué en mi jaula de cristal con las alas atadas y el cuerpo golpeado por el odio de la bestia.

Por mis venas ya no corría libertad, solo dolor que me quemaba por dentro.

Partió mi autoestima con sus mentiras hasta hacerme sentir su propiedad.

Me sometió con chantajes y amenazas, creando ataduras de incapacidad.

Sangré lágrimas de frío, miedo y dolor.

Se congeló mi memoria viviendo a oscuras, tanto que olvidé quien soy en realidad. Abandoné la mujer que habitaba en mí, relegué volar sin límites ni censuras.

Se paró mi corazón hasta el punto que dejé de escuchar un mínimo latido de esperanza, fuerza y amor, sobre todo de amor propio. Quería que todo acabase, no deseaba seguir de este modo; mente y cuerpo están rotos y agotados.

Con los ojos cerrados, entre el silencio desgarrador de una vida rota, recordé que antes de él yo podía vivir. Dije basta muchas veces antes de la definitiva.

Ahora las heridas del pasado duelen, porque todavía no han sanado pero empiezo a avistar a lo lejos el recuerdo de quien era.




Relato para mujeres



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